¿Qué enfermedades cura la fitoterapia?

¿Habrías pensado alguna vez que el romero, el aromatizante más común de los asados, podría combatir el cáncer? Todo gracias al carnosol, una molécula que reactiva una proteína que bloquea los tumores.

En cuanto al aceite del árbol del té, el aceite esencial del árbol de la melaleuca, sus propiedades antibacterianas y su seguridad lo convertirían, según diversos estudios, en una alternativa prometedora en caso de resistencia a los antibióticos. Y eso no es todo. Veamos qué dice la ciencia sobre la cura más antigua de la humanidad en la actualidad, la fitoterapia.

La fitoterapia es una rama de la farmacología

Aunque todo el mundo habla de ella como una medicina alternativa, la fitoterapia no lo es. Se trata de una rama de la farmacología que, en lugar de recurrir a sustancias químicas sintéticas, consiste en la administración de plantas, hongos, algas o líquenes. A partir de ellas, con diferentes procesos de extracción, se obtienen preparados vegetales como tinturas madre, extractos secos, oleolitos o aceites esenciales, que tienen una acción terapéutica específica.

En definitiva, la fitoterapia es una medicina en sí misma, utilizada por el 80% de la población mundial y cada vez más popular hoy en día por su carácter «ecológico». Utilizar las plantas medicinales para tratarse es una forma de sentirse parte de la naturaleza y ayudar a protegerla.

La fitoterapia actúa por sinergia

La principal diferencia entre el mecanismo de acción de las «drogas» vegetales y los medicamentos sintéticos radica en el llamado fitocomplejo, el particular cóctel de cientos de sustancias diferentes que contiene cada planta individual.

Mientras que el medicamento se basa en la idea de la ‘bala mágica’, el principio activo que golpea un único objetivo (un órgano, pero también un proceso específico), el fitocomplejo actúa por sinergia: una estrategia terapéutica que se dirige simultáneamente a diferentes objetivos, con una acción más suave pero eficaz en un amplio rango.

La alcachofa, por ejemplo, es buena para el hígado por más de una razón: los flavonoides tienen un efecto protector, los ácidos orgánicos estimulan los jugos gástricos y las sustancias amargas como la cinarina actúan sobre el metabolismo de los lípidos reduciendo la producción de colesterol y triglicéridos.

Además, mientras que los principios activos extraídos químicamente suelen ser demasiado agresivos y pueden provocar efectos indeseables, las plantas contienen sustancias naturales que modulan su acción. Hay muchos ejemplos.

Gracias a la salicortina y la tremulina, el extracto natural de corteza de sauce tiene un efecto antiinflamatorio más suave pero más duradero que el ácido acetilsalicílico (o aspirina), y es menos agresivo para la mucosa gástrica.

Antes de la llegada de las benzodiacepinas en los años 50, la raíz de valeriana era el sedante por excelencia. Ahora que somos conscientes de los riesgos de estos fármacos, se está redescubriendo la alternativa vegetal, ya que tiene varios efectos sedantes sobre el sistema nervioso, y se ha descubierto que también «funciona» con la melatonina para favorecer el sueño.

Si estás familiarizado con las hierbas, sabrás que cada planta tiene su propia esfera de acción: la melisa y el hinojo calman los espasmos del sistema digestivo, la cola de caballo y el abedul limpian los riñones, la malva con su mucílago es un excelente antiinflamatorio, el tomillo y el eucalipto disuelven la atrofia y desinfectan las vías respiratorias, etc.

Por eso, la fitoterapia, con la debida precaución, se presta para las pequeñas dolencias cotidianas como alternativa a los fármacos menos manejables.

Sin embargo, si la infusión de manzanilla no es suficiente para que desaparezca el dolor de vientre, debes ponerte en contacto con un naturópata o un médico experto en fitoterapia que te recetará las tinturas o extractos madre más adecuados.

Bajo supervisión médica, por ejemplo, puede tratar la hipertensión leve (las plantas más adecuadas son el muérdago, el espino y el olivo), mejorar enfermedades como la diabetes (gimnema) y las alergias (perilla), potenciar la energía (guaraná, ginseng) o el buen humor (griffonia, hierba de San Juan), e incluso revitalizar la sexualidad (maca).

O hacer frente a los efectos secundarios de la quimio y la radioterapia: muchos fitocomplejos pueden aliviar el síndrome de fatiga o calmar las náuseas de la quimio.

Un universo ilimitado de plantas

Una rama muy interesante de la fitoterapia es la etnofarmacología, es decir, el uso de plantas de otras partes del mundo, donde crecen especies ricas en principios activos. Como la cúrcuma, una especia tradicional de la India que ahora es la superestrella de la modernísima fitoterapia de productos botánicos, preparados de plantas en forma de suplementos.

Sus efectos antiinflamatorios, confirmados por miles de publicaciones científicas acreditadas, lo convierten en un remedio tan eficaz como los AINE, pero sin los efectos secundarios de estos fármacos.

O la equinácea, utilizada por los agricultores americanos para tratar las heridas y hoy indicada para reforzar el sistema inmunitario contra los virus y las bacterias. Y no olvidemos el ginseng, la famosa raíz oriental que parece haber sido creada específicamente, con sus efectos adaptógenos, para ayudarnos a combatir el estrés de la vida moderna.

La fitoterapia tiene indicaciones y límites precisos

Como todos los medicamentos, la fitoterapia tiene sus límites. Especialmente, está indicada para enfermedades crónicas, no agudas, es decir, sus efectos requieren cierto tiempo.

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