¿Cuándo es el momento para acudir a un nutricionista?

Comer es un acto de la vida cotidiana que forma parte de nuestras necesidades vitales, desde las primeras horas de nuestra vida. Puede ser una fuente de placer, de bienestar y de convivencia, pero también puede conducir a un estado de estrés, de control permanente, de culpabilidad, de malos hábitos arraigados desde hace mucho tiempo, heredados de nuestros padres o creados por nosotros mismos… que son susceptibles de provocar o agravar un gran número de patologías agudas o crónicas.

Un dietista-nutricionista suele ser útil para descifrar nuestros hábitos, corregir o adaptar nuestra dieta para mantener o recuperar nuestra salud. En este artículo, detallaremos el papel del dietista en su calidad de gestor global de la salud, ya sea en la prevención primaria -es decir, antes de la aparición de un síntoma o una enfermedad- o en la prevención secundaria, para tratar y acompañar a las personas en un modo de alimentación adaptado.

Desde Farmacia Ros os explicamos cuando es aconsejable acudir a un nutricionista.

¿Qué es un nutricionista?

Un nutricionista puede ejercer su profesión en muchas estructuras y tener misiones muy variadas. La imagen de la profesión sigue siendo la de un profesional de la pérdida de peso: en realidad, ésta es una pequeña parte de la actividad del nutricionista.

Un nutricionista que trabaje en el sector de la restauración, por ejemplo en una cocina central que prepare comidas para los colegios, garantiza el equilibrio de los menús, cumpliendo con un pliego de condiciones a veces restrictivo en cuanto a precios y proveedores, favoreciendo la variedad, los productos locales… y en consulta con los cocineros. También vigila muy de cerca el respeto de las normas de higiene, ya que los alimentos, desde su recepción hasta el plato, pasan por varias etapas “críticas” en materia de seguridad alimentaria.

En una estructura asistencial (clínica nutricional), adapta la dieta de los pacientes en función de su(s) patología(s), teniendo en cuenta los gustos del paciente, sus hábitos alimentarios y su capacidad para comer en cada momento, asegurando un seguimiento a lo largo de la estancia y preparando el alta del paciente para que haya una cierta continuidad cuando vuelva a casa.

¿Quién puede consultar a un dietista?

Cualquiera puede pedir cita con un dietista, al igual que con un osteópata, un psicólogo… la petición puede venir de una observación física o biológica (sobrepeso, obesidad, diabetes, equilibrio lipídico alterado, patología cardiovascular, renal, digestiva…), de un consejo médico o de una necesidad de reequilibrio alimentario, porque nuestros hábitos alimenticios parecen no estar en sintonía con nuestros deseos o valores. Las consultas nutricionales pueden ser beneficiosas a cualquier edad: ¡desde la diversificación alimentaria del bebé hasta la desnutrición de la persona mayor!

¿Por qué consultar a un dietista?

En todas las etapas de la vida, podemos tener dificultades con nuestra alimentación, incluso en la infancia. El estrés, la gestión emocional, las dificultades psicológicas, los bloqueos alimentarios, los condicionantes culturales o familiares, la herencia, las patologías concomitantes, los hábitos de toda la vida o, por el contrario, un cambio repentino de estilo de vida, el desconocimiento de la nutrición, los medios económicos limitados, las dietas realizadas sin control médico o las dietas restrictivas, por no hablar de los numerosos mensajes contradictorios y culpabilizadores que transmiten los medios de comunicación…

Hay muchas razones que pueden llevar a una dieta desequilibrada, y también pueden estar entrelazadas, creando síntomas complejos que son difíciles de resolver por sí solos, a pesar de toda la buena voluntad que cada persona pueda mostrar. La visión externa, profesional y benévola de un profesional de la alimentación puede ser la solución para salir de esa situación.

 Pero no es necesario estar en un contexto nocivo para tomarse el tiempo de cuestionar la propia alimentación: los hábitos adoptados durante la infancia y la adolescencia (con los cambios físicos que ello implica), el embarazo y la lactancia, la menopausia, la reanudación o el cese repentino del deporte, el deseo de pasar a una dieta vegetariana o vegana, el sobrepeso o la obesidad incluso sin comorbilidad aparente, el envejecimiento fisiológico. … tantas situaciones o preguntas que serán respondidas por un nutricionista.

Y, sobre todo, el hecho de ser atendido por un profesional de la dietética le asegura mantener o recuperar el equilibrio nutricional gracias a la personalización y al seguimiento que se realiza, a diferencia de las dietas y los consejos que se pueden obtener aquí y allá, que no son necesariamente adecuados para todos ni garantizan la eficacia a largo plazo…

¿Cuándo consultar?

Esta es una cuestión compleja. En efecto, los hábitos alimentarios son difíciles de cambiar, y hay que estar dispuesto a emprender un reajuste o incluso una verdadera reestructuración de su dieta. Sin embargo, los cambios pueden ser mínimos y dar lugar a una evolución favorable, en poco tiempo y con poco esfuerzo.

Es el papel del nutricionista, que debe tener en cuenta todas las facetas de su vida (profesional, familiar, psicológica, cultural…), para guiarle en los cambios a realizar, en el momento adecuado para usted. Desde el momento en que decida consultar a alguien, una primera cita (generalmente llamada “evaluación dietética”) le permitirá hacer un balance de sus hábitos alimentarios. Lo importante es estar preparado para afrontar la realidad y el cambio.        Si su médico le anima a acudir a un dietista, no espere: es una cuestión de salud.

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